Documentar sin interrumpir
Mi manera de trabajar nace del respeto por lo auténtico. Me muevo en silencio, observando la energía del lugar y la conexión entre las personas. Me fijo en los detalles que suelen pasar desapercibidos: una respiración profunda, un gesto de cariño, un abrazo que dura un segundo más de lo normal. No dirijo, no fuerzo. Simplemente acompaño el ritmo del día para capturar lo que realmente ocurre, sin romper su magia.
Luz, movimiento y atmósfera
La luz es el lenguaje que define cada boda. Sigo cómo se mueve en la piel, en la ropa, en el ambiente… cómo cambia la energía de un momento a otro. Trabajo con la sutileza: reflejos, sombras suaves, brillos cálidos, gestos en movimiento. Busco imágenes que transmitan atmósfera y emoción, no solo estética. Mi objetivo es que cada fotograma respire: que se sienta la música, la vibración del espacio y la complicidad entre las personas.
Más allá del gran día
Una boda no son solo momentos importantes; es un universo de pequeñas cosas llenas de significado. La calma de la mañana, los nervios compartidos, una mirada que dice “estoy contigo”, la energía que se enciende cuando todos están cerca. Documentar ese conjunto de emociones y conexiones es lo que hace que una historia sea real. Quiero que, al volver a ver vuestras fotografías, podáis sentir no solo cómo fue… sino cómo se vivió desde dentro.










